La crisis curativa: cuando el cuerpo empieza a limpiar de verdad
- Ezequiel Dello Russo

- hace 4 días
- 4 Min. de lectura

Después de más de 30 años trabajando con perros, hay algo que veo repetirse una y otra vez: cuando el organismo por fin tiene la oportunidad de funcionar como fue diseñado, empiezan a aparecer síntomas que asustan… pero que muchas veces forman parte de un proceso de reajuste profundo.
A esto, desde la medicina integrativa, se le suele llamar crisis curativa.
No es una enfermedad nueva. Es el cuerpo haciendo trabajo atrasado.
Toxicidad: el punto de partida
Hoy la mayoría de los perros (y gatos) viven muy lejos de su biología original. Alimentación industrial ultraprocesada desde cachorros, desparasitaciones químicas frecuentes, fármacos no siempre imprescindibles, exposición ambiental… Todo eso no pasa “de largo”. El cuerpo lo gestiona, lo compensa y lo almacena como puede.
El problema no suele ser un factor aislado, sino la suma en el tiempo.
Cuando esa carga supera la capacidad de compensación, empiezan los cuadros crónicos: piel reactiva, otitis recurrentes, digestiones pobres, cambios de comportamiento, inflamación constante de bajo grado.
Muchos perros viven así durante años. Se normaliza. Pero no es su estado natural.
El cuerpo no se equivoca: los sistemas de eliminación

El organismo no se queda de brazos cruzados. Siempre intenta expulsar lo que le perjudica a través de sus vías de eliminación:
Piel → picores, descamaciones, erupciones
Intestino → diarrea, moco, gases, heces irregulares
Vías respiratorias → mucosidad
Vómito → mecanismo directo de expulsión
Orina y heces → drenaje metabólico
Desde esta mirada, muchos “síntomas” no son errores del cuerpo, sino intentos de limpieza.
Dónde suele haber confusión
Aquí es donde aparece el choque de enfoques.
En medicina convencional, el síntoma se interpreta principalmente como algo que hay que suprimir: parar la diarrea, cortar el picor, frenar la secreción, bajar la fiebre.
El problema es que, si el síntoma forma parte de un proceso de eliminación, al bloquearlo no siempre estamos resolviendo el origen. A veces solo estamos cerrando una vía de salida, y el problema tiende a reaparecer por otro lado o a cronificarse.
Esto no significa que no haya situaciones donde intervenir sea necesario (dolor intenso, deshidratación, infecciones graves, riesgo vital…). Pero sí significa que no todo síntoma es un enemigo.
La metáfora que lo explica fácil
Imagina una casa llena de polvo acumulado durante años.
Un día decides limpiarla a fondo: abres ventanas, levantas alfombras, mueves muebles… Durante unas horas parece que hay más suciedad que antes. Pero no es más suciedad: es la que estaba escondida.
Cerrar las ventanas en ese momento deja el polvo dentro.
El proceso de limpieza no es bonito. Pero es necesario.
¿Qué es, entonces, una crisis curativa?

Es el conjunto de reacciones que pueden aparecer cuando el organismo recupera capacidad de depuración y empieza a movilizar carga acumulada.
Puede incluir:
Diarrea, heces con moco
Vómitos puntuales
Picores, piel más reactiva
Letargo temporal
Dolores musculares
Aumento de secreciones (cerumen, mucosidad)
Febrícula moderada
No es el cuerpo enfermando. Es el cuerpo trabajando.
Y, muy importante: un animal sin energía difícilmente hace una crisis curativa intensa. Los cuadros muy apagados, crónicos y sin reacción también pueden ser señal de un organismo sin capacidad de respuesta.
Un caso reciente que lo ilustra
La semana pasada empecé a trabajar con un perro de 11 meses. Desde el destete: alimentación industrial. Desparasitado químicamente cada tres meses. Problemas de conducta, inflamación evidente, vitalidad irregular.
Propuse un cambio de alimentación, de industrial a natural, caldo de pollo para facilitar la transición digestiva.
A los dos días aparecieron vómitos y diarrea importantes.
Desde esta mirada, eso encaja con una movilización brusca del sistema digestivo al cambiar el tipo de alimento: el intestino deja de recibir ultraprocesados, empieza a funcionar distinto y puede producirse una fase de eliminación intensa.
Antes de consultarme, la tutora acudió al veterinario y se pautaron antibióticos.
Aquí es donde se ve la diferencia de enfoques: para unos, es una infección a suprimir; para otros, puede ser una fase de reajuste que necesita acompañamiento, hidratación, observación y criterio, no siempre bloqueo inmediato.
Importante: criterio, no extremos
Hablar de crisis curativa no es justificar cualquier síntoma ni evitar atención veterinaria. Hay señales que sí requieren intervención inmediata: apatía profunda, deshidratación, sangre abundante en heces, dolor severo, fiebre alta persistente, cachorros muy jóvenes, animales debilitados.
Pero también es un error asumir que todo proceso de eliminación es una patología a silenciar.
Conclusión
La crisis curativa es, en esencia, un intento del organismo por volver al equilibrio. No siempre es cómoda. No siempre es espectacular. Pero muchas veces es parte del camino cuando se pasa de un modelo que sobrecarga al cuerpo a otro que respeta su fisiología.
Entender esto cambia la forma de acompañar a los animales: menos lucha contra el síntoma, más lectura del proceso, más respeto por los tiempos biológicos.
Porque el cuerpo del perro no está hecho para vivir compensando tóxicos. Está hecho para ser fuerte, sano… y funcionar como lo que es: un organismo con una capacidad de autorregulación enorme cuando le damos las condiciones adecuadas.




Comentarios